domingo, 30 de agosto de 2015

PALABRA 7



Subía sofocada la empinada cuesta de tierra en el bosque. Rodeada de árboles escuchaba las chicharras y respiraba el pesado aire de agosto. Pensaba en el denominador común de la caricia más romántica y la bofetada más obscena. Al ser mezclado con sentimientos alcanza vigor usado para hacer avanzar al mundo. O retroceder…

Aún quedaba camino así que se sentó a respirar. Tenía la camiseta empapada por el sudor producido por la ligera caminata y por el calor…y se acordaba de tu mano en mi pierna preludio de momentos de aislamiento, de rigidez y búsqueda ansiosa del desesperado final. Difícil disfrutar el camino cuando hay un caldero lleno de oro al final del arco iris.

Pasaba una pareja de caminantes acalorados como ella que saludaron cortésmente. Decidió reanudar el camino y por fin lo escuchó: el susurro del agua. Unos billetes que cambian de mano para obtener placer y unos adolescentes buscando una sombra para sentirse, para entregarse mutuamente la energía del gemelo y el contrario.

Se abría ante ella un claro en la maleza con una preciosa cascada y respiró tratando de contener el momento en los pulmones. Poder creador de vida infinitamente bueno que el ser humano, quién si no, usa en ocasiones para destruir y humillar.

Se despojó de la ropa y se sumergió en el agua fría. Y sonrió.